El secreto que en tus ojos se diluye
juega al escondite con el viento.
Dulce niña, que por las noches huyes
¿podré encontrar tu fuego?
Verdes plumas en tu corona ponen
un punto y un principio a un bello cuento,
que hasta a los magos deja sin aliento...
Y así comienza tu juego.
Tus rizos azabache, delineantes
a las flores dejan sin aliento
y a un tenaz amanecer llameante
de un soplo borra el ego.
Entre dos caminos serpenteantes
tierno, como de la vid el sarmiento,
surgió una vida que, expectante,
otea el cielo, ciego.
En tus brazos se convirtió en amante,
de la tierra y de las aves protector.
De canciones y caricias escurridor.
Vivo al fin, me entrego.
María Villacañas
No hay comentarios:
Publicar un comentario