Inefable época, meliflua canción,
empalagosa limerencia, inolvidable arrebol.
Fresca elocuencia encontramos por el camino.
Bendita serendipia tu presencia en mi destino.
Sonámbulos, perseguimos la aurora,
fuimos juntos un destello de iridiscencia.
Antes, efímera luminiscencia
Inmarcesible incandescencia ahora.
Olvidamos el olvido y soledad.
Escribimos un guión sin desenlace
arrojándolo en una botella al mar.
Momento de epifanía, complicidad
En cada mirada, una estrella nace,
acompaña este soneto al terminar.
María Villacañas Blázquez