lunes, 31 de agosto de 2015

El "otro" soneto más bello del mundo (Con permiso de Jose, claro)




Inefable época, meliflua canción, 
empalagosa limerencia, inolvidable arrebol.
Fresca elocuencia encontramos por el camino.
Bendita serendipia tu presencia en mi destino.
Sonámbulos, perseguimos la aurora,
fuimos juntos un destello de iridiscencia.
Antes, efímera luminiscencia
Inmarcesible incandescencia ahora. 
Olvidamos el olvido y soledad. 
Escribimos un guión sin desenlace 
arrojándolo en una botella al mar. 
Momento de epifanía, complicidad
En cada mirada, una estrella nace, 
acompaña este soneto al terminar.

María Villacañas Blázquez

DOS SONETOS ASINTOMÁTICOS:



El libro de la vida da certezas

que son proyecciones del lector,

el origen está en el interior

distorsionando por naturaleza,

volviéndose meliflua la mirada

para ver vigor lozano en flaquezas.

Mas los pies en el suelo son pedrada

que golpea y da marcha a la cabeza,

muestra un cuadro de hechos asintomáticos

con la autonomía que da el destino:

flexible y afilada cual saeta;

Del sombrero, el conejo automático

salta y se va a la jara del camino

cuando la verdad, al valiente reta.


J. Martín.






A la sombra de la jara la encontré,


solo un cuento, un poema para sentir


y cuando en medio de la marcha desperté


su saeta envenenada me arranqué.


Primer día, asintomático al sentir


ese antídoto melifluo introducir


y lozano, de entre las sombras volver


con un libro bajo el brazo, hay que decir.


Con autonomía, contaba un cuento


de esos de duendes con sombrero


de esos de valientes caballeros.


Desenlace y origen igual eran


nos llevaban a una misma conclusión:


la verdad en tu soneto se perdió.






María Villacañas Blázquez

OTRO PENTÁGONO DE HUMO.

El secreto que en tus ojos se diluye
juega al escondite con el viento.
Dulce niña, que por las noches huyes
¿podré encontrar tu fuego?
Verdes plumas en tu corona ponen
un punto y un principio a un bello cuento,
que hasta a los magos deja sin aliento...
Y así comienza tu juego.
Tus rizos azabache, delineantes
a las flores dejan sin aliento
y a un tenaz amanecer llameante
de un soplo borra el ego.
Entre dos caminos serpenteantes
tierno, como de la vid el sarmiento,
surgió una vida que, expectante,
otea el cielo, ciego.
En tus brazos se convirtió en amante,
de la tierra y de las aves protector.
De canciones y caricias escurridor.
Vivo al fin, me entrego.


María Villacañas

Pentágono de Humo.



El móvil, la mesa y la bandeja.
¿El futuro?¡Qué va! El frío asfalto,
camino donde mi paso se aleja
es azabache ¡y alto!
No hay oscuridad en lo natural
no existen secretos indesvelables
todo es inconsciencia echada a vibrar
y que el azar nos hable.
Luego, ya se usará el escurridor
para que esas inoportunidades
resbalen y nos dejen lo mejor:
afectos y verdades.
Trazos definitivos del boceto
del que aun sin ser los delineantes
damos firma, aprobación y veto: la vida por delante,
el abandonado nido, la reja,
viento en las alas tras nube de plumas
estela donde mi paso se aleja
pero nunca se esfuma.

J. Martín