¡Se haga la luz! dijo Dios.
Se ocultó tras sus pestañas.
Yo pasaba por allí,
sentí perder las entrañas.
Del dolor que me acuchilla
desconozco la razón
¿¡Fue arrancada la costilla
o fue robado el corazón!?
Que compita no hay fulgor,
no hay color en la batalla,
no hay calor que así derrita,
no hay resplandor de su talla
No hay valor que sepa huir,
como perdella no hay susto
No hay frungir como con ella
digo yo... no tuve el gusto.
Que no ansíe la experiencia
no hay hombre con tanto mundo
Cual sus ojos no hay urgencia
No hay poema más rotundo.