Reflejos del sol acostado
se marchitan a su lado
y le gritan susurros al oído
que aún no se ha dormido
Y quiere querer a la luna,
pero no le dejan.
Él solo se mece en la cuna
y sus lágrimas se reflejan
en el alma de algún poeta
que deja su oda incompleta.
Maullidos imposibles
rasgan su garganta
pero ya es invisible
y solo le queda su manta.
La luna ya ha salido
y con su luz le reclama,
su corazón se inflama,
pero ya sabe que ha perdido
Delia Paniagua Cidade
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