Cierro los ojos y veo,
aunque en momentos inoportunos,
ese tintineo
de los versos gatunos
que me llaman desde el espacio.
Que les falta un tejado
y yo ya no sacio
su poder desvergonzado
y su ansia de libertad.
Que no se si por necesidad
o por falta de voluntad,
la prosa no emana
en la vida cotidiana
de la mañana.
Lo siento, gatos
que os tengo abandonados
y ya no nacen más relatos
pues han quedado relegados
al olvido de los novatos
que están poco concentrados
Delia Paniagua Cidade
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