miércoles, 2 de enero de 2013

Lo siento, gatos

Una mañana me levanto, cojo un lápiz y salen letras, pero no son las de siempre, son las de escribir. Esas letras que salen cuando la creatividad está a punto de explotar y fundirse con el lenguaje que ella misma escoge para expresarse. Esas letras torcidas que a penas se entienden y salen apretadas y estiradas a la vez, salen desperezándose de su aletargamiento, de tantos meses escondidas... y entonces ocurre:


Cierro los ojos y veo,
aunque en momentos inoportunos,
ese tintineo
de los versos gatunos
que me llaman desde el espacio.
Que les falta un tejado
y yo ya no sacio
su poder desvergonzado
y su ansia de libertad.
Que no se si por necesidad
o por falta de voluntad,
la prosa no emana
en la vida cotidiana
de la mañana.
Lo siento, gatos
que os tengo abandonados
y ya no nacen más relatos
pues han quedado relegados
al olvido de los novatos
que están poco concentrados
Delia Paniagua Cidade