jueves, 24 de febrero de 2011

África se desangra...

  • Palabras vacías
  • papeles en blanco
  • la muerte mecía
  • el doloroso llanto
  • de una nación vacía.
  • Seca de lágrimas y miedo
  • enferma de libertad
  • enferma de risa, de anhelo
  • sedienta de dignidad.
  • Llena de rabia y de fuego
  • puesta en pie para luchar
  • alzando al aire su ruego:
  • quieren ser libres y amar.
  • El sentido común está ciego
  • perdido en un juego de azar
  • las manos manchadas de sangre
  • roban vidas sin pensar.
  • África se desangra...

María Villacañas

domingo, 20 de febrero de 2011

La avenida de los tilos

Este poema pertenece a María Wérnicke, una poetisa bonaerense y está cantado por Luciana. Fue prohibida durante la dictadura argentina, pero ayer volvió a los oídos de mi madre:


La avenida de los tilos

Ayer he caminado más que sola,
ayer he caminado sin vos
y estaba la avenida de los tilos,
tan largamente triste que pensé, que el otoño es igual,
que este color de ese color de caminar sin vos.

Ayer he caminado más que sola,
ayer he caminado sin vos
y estaba la avenida como un río,
de otro país tan pobremente frío,
tan largamente triste que pensé
que el otoño es igual que el desamor.

Ayer he caminado sin vos...
y todo lo que he visto no lo he visto...
apenas he mirado porque tuve...
mucho miedo, aquí en el corazón.

A
yer he caminado más que sola,
ayer he caminado sin vos.
y estaba la avenida de los tilos,
tan largamente triste que pensé, en que país estoy,
si estoy sin vos, en que país, hecho de desamor.



http://www.youtube.com/watch?v=w_kf3xEQ01Y

miércoles, 9 de febrero de 2011

Lloran las mariposas...

Cuando se rompió su paraguas rojo
cada gota de lluvia pesaba.
Hoy ya no vuela a su antojo.
Se le rompió la risa, le duelen las alas.

Cuando se rompió su paraguas rojo
sintió el corazón empapado...
Las palabras encerradas con cerrojo
esperaban en algún lugar olvidado.
Sus heridas abiertas y sus puños cerrados...
ojalá estuvieran así sus ojos.

Lloran las mariposas
cuando su mundo cambia.

Cada gota de lluvia pesaba
sobre la flor bajo la que se resguardaba
y cuando las flores lloran y le pesan las alas
ella se siente frágil, pequeña, olvidada.

Lloran las mariposas
cuando su mundo cambia.

Hoy ya no vuela a su antojo
por los jardines y prados.
Se consume entre gritos silenciosos
que sólo escucha el cielo plateado.

Lloran las mariposas
cuando su mundo cambia.

Se le rompió la risa, le duelen las alas
pero no se va a quedar callada..
aprenderá a gritarle a la noche estrellada,
aprenderá a volar entre las frías espadas
y se sentirá hermosa...
No se va a quedar parada.

Lloran las mariposas
cuando su mundo cambia.

María Villacañas

Memorias de

Triste vida la nuestra ¿no? O quizás no, quizás soy yo que la veo con malos ojos, que no me gusta esta insignificante vida. Y digo insignificante desde mi punto de vista, porque estoy seguro de que nos echarían de menos si no existiéramos. Pero para mi eso no tiene ni la menor relevancia. Es sólo otro dato estúpido que engruesa la larga lista de razones aún más estúpidas que mis compañeros me repiten día tras día mientras les veo morir felices con su propósito cumplido. Un día después de otro parten hacia, a mi escaso juicio, un destino terrible al mismo tiempo que yo me escondo en lo más oscuro de las tinieblas para que no puedan encontrarme. Ellos van animados por el viaje y las ganas de escuchar ese sonido que algún superviviente me ha contado y al que yo tengo tanto miedo. Pero sólo los más “afortunados” lo escucharán, los que no, acabarán sus días tirados en cubos de basura, eso sí, siempre felices, con el deber cumplido…

Nos conocen como Klenex, pañuelos de papel, limpia-mocos… y éste es nuestro mayor éxito, pero yo me niego. Y como dijo alguien alguna vez “Nunca subestimes el poder de la negación”


Delia Paniagua

Suspiros al aire

La tormenta, la noche despierta.

El viento, los árboles acuna.

Las estrellas, al bosque emborrachan

de aroma y poesía desierta.

Versos olvidados a la luna

que los aires frescos deshilachan.

Y una niña en la ventana abierta

admira perpleja en su tribuna

como los silencios al astro tachan.

Puntos suspensivos que terminan

frases que pasan inadvertidas

palabras que no se quieren ver.

Tequieros ocultos que definan

las emociones más atrevidas

que anulan cualquier anochecer.

Mientras, las miradas adivinan

esas intenciones abatidas

que ahora solo hacen doler.

Tormenta insensible que acuchilla

los sueños en las noches en vela

y las fantasías más ansiosas.

Cuando el viento ciega a la chiquilla

y disipa con toda cautela

todas las emociones mimosas,

de entre las estrellas, una chilla

y desvanece la suave tela

de sus locuras más pudorosas


Delia Paniagua

martes, 8 de febrero de 2011

Een sejrien den ctastroficken destditchen

... Porque un viaje Amsterdam- Tilburg en cuatro horas da para mucho....

Comprende, nada es casual
enciéndete tu Wernicke
piérdete entre mil bikes
y encontrarás tu canal.

Sintonízate con la sal
de los suelos congelados
pon una jota en to's lados
y olvida cada vocal.

Entonces verás que trenes
hay muchos, pero en invierno
todos van hacia un infierno
hecho de helados andenes.

No llores, no desesperes
si tu viaje es eterno
un locus de control externo
puede aydarte si quieres.

Sé socialmente extravertido
y preguntando en inglés
también quizá un dutch de Delft
ayude si estas perdido.

Pero lo más importante
no lo olvides, por favor
siempre mira hacia adelante
todo siempre irá peor.

Que te lleve la corriente
que la imaginación vuele
como casi siempre suele
y une tierras con un puente.

Consuélate, pues con suerte
llegarás a casa antes
de que te encuentre la muerte...
o alguno de sus amantes.

J. Martin
María Villacañas.

9 DÍAS

El reloj que ata las horas
siempre nos cuenta poco,
contandonos muy deprisa
días defectuosos:
el diario ritmo aminora
cuando el recuerdo avoco
y el olvido a toda prisa
se hunde en un foso.


J.Martín

LA MUJER DEL COMPARTIMENTO

Estoy cansada, hoy no ha sido un día agotador, pero estoy cansada.

Quizá eso no tiene que ver con el hoy, sino con un ayer que se proyecta cada día hacia la vuelta de la esquina… Creo que a veces me puede el estrés, creo, que ya soy mayorcita, que ya sé de qué va el juego, creo que me debería preocupar por mantener lo poco estable que hay en mí, que tengo un buen trabajo y que no todo el mundo lo tiene hoy día, creo que debería regar las plantas y que hacer la colada… pero sin embargo, me cuesta encontrar una excusa, y aquí estoy, divagando con las piernas encogidas sobre mi asiento, abrazando una tacita de chocolate caliente mientras veo como la tarde se va desvaneciendo poco a poco tras los cristales.

¿Qué demonios me pasa?

Algo me dice que esta será la última vez que cojo un tren sin destino, no puedo pasar toda la vida persiguiendo un instante de tiempo, para el cual, he de perder demasiados; no, no se trata de pereza, es otra cosa, es simplemente que esto no es para mí, estoy harta de escuchar siempre la misma canción, estoy harta de silbar para olvidar… y si río quizá es porque aún no olvido, quizá no silbe lo suficiente…
Me gustaría encenderme un cigarrillo, sentirle levemente entre mis dedos, dar una calada de vez en cuando y hundirme en el asiento y… nada más; y sin embargo aquí estoy, perdiendo la mirada en esa oscuridad en movimiento que va casi tan rápido como mis pensamientos.

Recuerdo la última vez que nos vimos, recuerdo mi pañuelo rojo resbalando por su cuello, sus labios cayendo por el hueco de mi escote alegando tener que limpiar una mancha que se me había caído, recuerdo como le miraba largos minutos en silencio, y él, tan solo levantaba la mirada eventualmente, como con indiferencia, pero al bajarla de nuevo aparecía en su cara esa maldita sonrisa queda, que ahí se quedaba, recuerdo sus preguntas siempre tan extrañas a las que siempre respondía con ambigüedad; quizá ese continuo intento por seducir, siempre inconcluso, es lo que me sedujo a mí, quizá es el intento por vivir lo que con otra edad no hice y ahora con dos dedos y tres arrugas de más en la frente quiero tener, quizá simplemente, es que aún siento su aroma en mi pañuelo y por eso me acuerdo de él… ¡si hubiera puesto la colada otro gallo cantaría!

Habrá que reírse ¿no?

Ante todo habrá que replantearse un nuevo mañana, mientras salvando las distancias, entre el mañana y el hoy, de momento hay un cielo azul oscuro lleno de estrellas que no marcan ninguna dirección; porque montada en este tren, lo cierto, es que las distancias hacia ese nuevo mañana parecen un abismo: un abismo abisal, pues como en las corrientes marinas, perezco montada en una ola que me hace caer una y otra vez… esto no tiene color.

¿Cuándo todo esto dejará de ser una fuga de ideas y se convertirá en planes descritos de forma literal? Espero que pronto, aunque sé que no será hoy… mañana no lo sé.

Quizá debería escribir algo para hacer más ameno el viaje, algo así como: “embarcada hacia la madurez con armas de mujer”, por lo menos suena a nombre de novela, qué gracia. La verdad, me empiezan a pesar los párpados pero me parece un buen comienzo…

Pinto las distancias de azul oscuro,
yo, embarcada hacia la madurez
conservando mis armas de mujer
con la estrella de un mañana seguro,
mientras maldigo a mi pañuelo rojo
busco ideas literales a mares…
la canción mancha mis auriculares
y el destino es un chocolate flojo,
letras inconclusas en el olvido,
pereza por parar el movimiento,
la excusa de actuar por seducir,
es una ola de color desteñido
en cristales de inferencia exentos…
¡el estrés de un aroma! … ¿qué decir?


J.Martín

Historia de un sueño

El cielo se nos venía encima
con su frío, blanco abrazo
más y más cerca en cada trazo
pincelada del artista.

Mantuvimos nuestra vista
bajo los suaves codazos
de un aire de tímidos brazos
que este lugar acaricia.

Tremendo llanto se inicia:
los ángeles rompen los lazos
de su tregua, dando mazos,
sus lágrimas desperdician,
y de novia la ciudad
de impureza sin sonrojos
se engalana a nuestros ojos
sin ropa en la intimidad.

Y cuando sale la luna
a contemplar la ciudad
a esta dama ya la acuna
la mágica Navidad.

Las luces centelleaban
chocolates y cervezas
perdían las sutilezas
y el arte nos inundaba.

Como en un cuento de hadas
la magia se terminaba
y una aventura aguardaba
sin dragones, sin espadas.

Sucedió en un libro abierto
pasándo páginas grises
y las horas sin que avisen
en soñados y despiertos.


J. Martín
María Villacañas